Entrevista a Luis De Garrido. 1ª Parte

15 noviembre, 2010 § Deja un comentario

Entrevista a Luis De Garrido, concedida a la Doctora María Teresa Ledezma Elizondo, Subdirectora General de la Facultad de Arquitectura de la Universidad Autónoma de Nuevo León. Monterrey. México.

 
1. Porque estudió usted Arquitectura? Hay algún evento en su vida que lo haya llevado directo a la arquitectura?
Pues es una pregunta que cada vez me hacen mas a menudo y una de las que no puedo contestar.
Mi madre dice que desde que tenía dos años yo ya decía que de mayor quería ser “pistolero” o “arquitecto”. Olvidé pronto lo de pistolero, porque quizás no me importa mucho el dinero (a pesar de que era algo escaso en mi familia) y no se porque, mi vida -toda mi vida- desde entonces, ha sido la Arquitectura. Mi trabajo, mi “hobby” y mi amor (después de mi maravillosa hija). Además sigo soltero, de momento no comparto la Arquitectura con ninguna mujer.


Recuerdo que cuando tenía 14 años y me preguntaban que iba a estudiar en la Universidad, me temblaban los labios cuando contestaba: -“Arquitectura” (entré a la Universidad con 16 años). Lo cierto es que cuando fui consciente de lo poco y mal que me enseñaban en la E.T.S. de Arquitectura de Valencia (UPV), me avergoncé, y empecé a estudiar por mi cuenta y en otras Universidades (arquitectura y muchas otras cosas). Desde entonces he descubierto “Otra Arquitectura”, y los labios me vuelven a temblar cuando pronuncio su nombre. Doy las gracias por existir a arquitectos como Emilio Ambasz, Ken Yeang, Hansen+Petersen, Peter Zumthor, León Krier, Eisaku Ushida y Winy Maas. Son arquitectos que nunca me mencionaron en la Universidad, y que me devolvieron mi amor por la Arquitectura.

No se que tan buen o mal arquitecto soy o llegaré a ser, pero creo que es muy difícil encontrar a alguien que ame tanto a la arquitectura como yo.
 
2. Como se involucró en el tema del Bioclimatismo y la Arquitectura Sustentable?.

 
Pues de una forma muy indirecta, y como confluencia de varios factores independientes.

1. Por un lado, desde muy joven me di cuenta de que (desde mi punto de vista) lo poco y mal que me enseñaban en la Facultad de Arquitectura, aún encima estaba mal orientado. Más parecían clases de escultura gigante, que de arquitectura.

 
Por si fuera poco cada materia parecía no tener nada que ver con las demás. Era como un conjunto de asignaturas inconexas y con poca utilidad. Y como digo, los talleres de proyectos se asemejaban a talleres de escultura, dirigidos por el ego iletrado e ignorante de ciertos profesores, más interesados en conseguir una pequeña burbuja de poder y reconocimiento social, que en transcender como profesionales y de paso conseguir el respeto de los alumnos, proporcionándoles una buena formación y pasión por la Arquitectura.


El tipo de arquitectura que me enseñaban no me interesaba. El proceso me parecía mal encaminado, poco útil a la sociedad, demasiado coartado, demasiado limitado….. Por si fuera poco de tanto en tanto escuchaba cosas como: “los arquitectos debemos educar a la sociedad ignorante”. Por supuesto, la sociedad no son arquitectos, pero el caso es que la mayoría de arquitectos no hemos sido capaces de dar a la sociedad lo que verdaderamente necesita.

 

2. Por otro lado me di cuenta de aunque los profesores repetían constantemente la palabra “lugar” e “Integración con el entorno”, en el mejor de los casos se referían a un aspecto puramente visual. Y en muchas ocasiones solo les servía para sustentar un enorme conjunto de arbitrariedades.

3. Todo lo que escuchaba me parecía tremendamente trivial, y terriblemente acotado. Yo pensaba ya con 18 años que, de lo muchísimo que se podría conseguir diseñando, los arquitectos que tenia delante apenas estaban interesados en unos pequeños detalles (y siempre visuales). Yo pensaba que los arquitectos tiraban balones fuera, no resolvían la mayoría de los aspectos inherentes al diseño arquitectónico, y tan solo se centraban en detalles que tan solo interesaban a un reducido número de arquitectos. Era como si de un millón de cosas que se debían de hacer (y se podían hacer) los arquitectos solo estuvieran interesados en una docena, tan solo relacionadas con aspectos visuales.

 
4. Como consecuencia de todo ello, al llegar a 4º curso (7º semestre), empecé a estudiar filosofía, informática, idiomas, sociología e ingeniería. Al acabar la carrera de arquitectura estaba tan decepcionado, que me puse a impartir clases de inteligencia artificial y a realizar un Master y varios Doctorados. Lo que me habían enseñado de arquitectura no me interesaba para nada. Y lo que era peor, descubría lo poco que la sociedad valora a los arquitectos (algo que me dolía, pero que entendía perfectamente).

 
Por si fuera poco, observaba que los arquitectos en el ejercicio de la profesión triunfaban, no por su competencia profesional y sus conocimientos en arquitectura, sino por su labor de manipulación social. No importaba si era buen o mal arquitecto. Lo que importaba es lo que tenía que decir, las falsas amistades que debía hacer, los falsos halagos que tenía que pronunciar (esperando su retorno claro), y asistir pacientemente a todo tipo de reuniones sociales. Me perecía como el último eslabón para perpetuar y aceptar la incompetencia y la ignorancia……. Como resultado final, a los 33 años caí en una enorme depresión que duró casi 5 años.

5. Pero lo mas importante de todo fue que –en plena depresión- cayó en mis manos un libro que nunca olvidaré: “Causa Justa”, de John Grisham. El libro relata la historia de un abogado sin escrúpulos, rico, con poder y con novia rica, tonta y guapa. Un día un indigente se salta la tapa de los sesos delante de él (diciendo que su vida no merece la pena) con una escopeta de cañón recortado, y le mancha su caro traje con restos de su cerebro. El acto lo conmueve y empieza a darse cuenta de que existen muchos otros mundos mas “auténticos” que la vida superficial que el llevaba, sin el menor valor humano. Empieza a investigar y a penetrar en la vida de los indigentes. Al final decide dejar su bufete y a aceptar un trabajo mal pagado de abogado defensor de “causas justas”, en favor de indigentes sin posibilidad alguna de ganarlas. Al final su vida trasciende y se llena de plenitud y felicidad, conoce a otra mujer (pobre, luchadora, honesta y guapa), y rehace de forma correcta su vida.

Un cuento de hadas inverso. Pero muy humano. Y verdadero.

Al acabar la lectura me dije: “Si un abogado es capaz de luchar, de dejarlo todo, y de buscar un nuevo camino mas útil, integro, honesto, auténtico y verdadero…. Yo no voy a ser menos!!!” (los abogados siempre me han parecido aberraciones sociales sin escrúpulos, pero –de forma paradójica- en muchos casos necesarias).

Y empecé, en una carrera en solitario, y en contra corriente, a formalizar una nueva arquitectura. (aunque todavía no he encontrado una chica pobre, luchadora, honesta y guapa).

Ahora se me tacha de “arquitecto sostenible”, o “bioclimático”,.. o cosas similares. Sin embargo yo voy mucho más allá: voy en busca de una arquitectura auténtica, íntegra y honesta, que sirva de utilidad a la sociedad, que se mantenga en equilibrio con la Naturaleza y que evolucione en el que considero el camino correcto.

Disculpe que me haya extendido en este punto, pero quizás mi vida sea de ayuda a algún estudiante que le haya pasado lo mismo, sin llegar al extremo de mi larga depresión. Mi gran objetivo en la vida es ayudar –indirectamente- a la gente.
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