Isamu Noguchi

13 diciembre, 2010 § Deja un comentario

‘Todo es escultura,’ dice Isamu Noguchi. ‘ Cualquier material, cualquier idea nacida en el espacio, para mí es escultura.’
Noguchi creía que la tarea del escultor es dar forma al espacio, darle orden y sentido – y que el arte debería ‘desaparecer,’ o ser parte de su entorno. Tal vez esta forma de ver el mundo buscando la ‘unidad’ se deba a su herencia cultural mixta – su padre era un poeta japonés y su madre una escritora americana de origen escocés. Noguchi siempre fue imposible de clasificar, creando esculturas tan abstractas como las de Henri Moore o tan realistas como las de Leonardo. Utilizó los materiales disponibles: piedra, metal, madera cerámica, hueso, papel, o una mezcla de todos o cualquiera de ellos – tallando, fundiendo, moldeando, cortando, golpeando, cincelando, o dinamitando para modelar cada forma. 
 
‘Limitarte a un estilo determinado te puede llevar a convertirte en un experto en un estilo o escuela, pero yo no quiero pertenecer a ninguna escuela,’ dijo. ‘Siempre estoy aprendiendo y descubriendo cosas nuevas.’
Su extraordinaria gama de proyectos incluye parques infantiles y plazas, muebles y jardines, bustos tallados en piedra, y lámparas de papel Akari, tan delicadas que cabrían dobladas en un sobre. Diseñó también numerosos decorados para la bailarina y coreógrafa Martha Graham, que tuvo tanta influencia sobre él como su mentor, Constantin Brancusi.
Noguchi era inteligente y sensible y sabía expresarse con elegancia y claridad. Durante la Segunda Guerra Mundial, una época histórica que recuerda con tristeza, ingresó voluntariamente en un campo para japoneses residentes en los EE UU situado en Arizona – pero luego no pudo conseguir permiso para salir de él. Después de siete meses, fue puesto en libertad. ‘Por fin era libre,’ dijo agradecido. ‘…Decidí que a partir de entonces sería sólo un artista.’
Su relación con Herman Miller comenzó cuando uno de sus diseños fue utilizado para ilustrar un artículo escrito por George Nelson titulado ‘Cómo diseñar una mesa.’ El diseño se convirtió en su famosa ‘mesa auxiliar,’ introducida inicialmente en 1947 y producida de nuevo en 1984.
Otros destacados encargos incluyeron los jardines del edificio de la UNESCO en París, cinco fuentes para el edificio del Tribunal Supremo en Tokio, y un mural para el Mercado Abelardo Rodriguez en Ciudad de México.
Noguchi murió en 1988 tras una brillante carrera que duró más de seis décadas. Desmintiendo el pronóstico de su profesor de arte, que cuando tenía 15 años le dijo que ‘nunca sería un escultor,’ dejó una obra impresionante.
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