Jean Prouve

27 junio, 2011 § Deja un comentario


Al volver a visitar los nutridos archivos de Jean Prouvé, su hija Catherine nos lleva de paseo por la senda de los recuerdos
 
«A mi padre le encantaba balancearse sobre las patas traseras de su silla.Esa era la posición que adoptaba para reflexionar sobre nuevos inventos y sobre soluciones de diseño.Él era el único capaz de permanecer completamente inmóvil apoyándose sólo en dos patas».

Este recuerdo de su hija nos entrega, además, una pista de por qué dos patas de Standard, la silla más conocida de Jean Prouvé, tienen esa típica forma cónica.A diferencia de las delgadas patas delanteras de la silla, que parecen alfileres, el par trasero se va adelgazando a medida que desciende hacia el suelo.Fabricadas con láminas plegadas, sus patas son robustas, pero ligeras a la vez.Pero, quizá, igualmenteimportante es la forma en que se prestan para usos más lúdicos que para el mero hecho de estar sentado.

Jean Prouvé es descrito, en general, como uno de los diseñadores franceses más relevantes del siglo XX.Fue un prolífico inventor, un apasionado profesor e ingeniero, un arquitecto, un trabajador práctico y un fabricante visionario.Su gran entusiasmo por la construcción tenía un alcance universal que incluía grandes máquinas industriales, el interior de cámaras fotográficas o la lógica de Bach, a quién no podía dejar de escuchar a todo volumen.Era piloto de aviones y de automóviles, y podía pasar horas ajustando los motores de los coches.Le gustaba que sus coches fueran rápidos y tener el techo de su descapotable abierto:«Ni siquiera echaba la capota cuando comenzaba a llover.Cuando éramos niños nos aseguraba que si él iba lo suficientemente rápido, la lluvia pasaría volando sobre nuestras cabezas» relata su hija.


En los primeros treinta años de su carrera trabajó en Nancy, en el Atelier Prouvé, taller que había fundado en 1931 después de haberse formado como herrero e ingeniero. En él se ocupó de un sinfín de soluciones de diseño para todo tipo de cosas, desde muebles de madera y de láminas hasta edificios experimentales. Su dedicación al bien común no sólo le llevó a unirse a la resistencia francesa durante la guerra –como consecuencia de lo cual, posteriormente fue nombrado alcalde de Nancy–, sino también a crear una gama completamente nueva de muebles destinados a mejorar edificios públicos tales como colegios, hospitales y oficinas.Diseñó para los sin techo y desarrolló refugios prefabricados, además de casas de vacaciones.Las casas tropicales empaquetadas y listas para armar de este periodo, como la Maison Tropicale, constituyen hoy en día uno de los tesoros más preciados de los aficionados a la arquitectura de colección. Fue en una de estas casas, realizadas como estudio de caso, en la que creció Catherine y sus cuatro hermanos.«La casa, al igual que el mobiliario, eran un modelo experimental.Vivíamos rodeados de prototiposque cambiaban continuamente, pues aún cuando la producción industrial de una silla ya se hubiese iniciado, papá seguía mejorándola y cambiándole partes y materiales». Las vacaciones familiares también eran una aventura.«Un verano lo pasamos todos juntos en una gran tienda de campaña que mi padre había diseñado exclusivamente para esa ocasión.Sin embargo, al final, la tienda “Butterfly” probablemente no pasó las cuatro semanas de prueba, pues nunca fue desarrollada como producto, y al año siguiente mi madre prefirió una autocaravana», cuenta. Años antes, la familia había probado, incluso, una de las casas de refugiados prefabricadas del inventor:«Debe de haber sido a principios de junio de 1946, cuando se colocó una casa empaquetada y lista para montar en un tren que la llevó a la Bretaña, donde mi madre esperaba la entrega.Ella se había marchado un par de días antes para buscar un sitio adecuado donde poder instalar la casa para todo el verano.En otoño, la casa fue desarmada nuevamente, vendida y enviada a los nuevos dueños».

«Éramos como una familia de conejillos de Indias», comenta Catherine Prouvé riéndose.Todo giraba en torno a nuevas ideas.Las cenas transcurrían hablando sobre nuevas formas de construir cosas.Los compañeros de trabajo de la fábrica eran huéspedes habituales de la casa, y luminarias de la categoría de Le Corbusier y Alexander Calder también pasaron para realizar una visita. «Mi madre siempre tenía mucha comida lista.Nunca sabía cuántos amigos llegarían acompañando a mi padre.En algunas ocasiones, también había personas completamente desconocidas, incluso autoestopistas, a quienes había llevado en sus viajes entre Nancy y París», comenta.«Podía suceder que por la mañana caminásemos hacia el salón y asustásemos a un grupo de estudiantes que había pasado la noche en los sofás Cité».

Ese toque de humanidad particular era tan poco común en esa época que algunas veces jugó en su contra.«La gente criticaba a mi padre por ser un mal empresario.Ciertamente, él no estaba interesado en amasar una riqueza personal.Las ganancias anuales se invertían en primer lugar en máquinas nuevas y el resto se dividía entre los trabajadores.Si la inversión en investigación y en trabajadores satisfechos eran malas para los negocios, así sería». Catherine es particularmente consciente de este tipo de crítica hacia su padre, pues le recuerda el doloroso periodo en que Jean Prouvé fue apartado de la fábrica.En la década de los 50, el taller había crecido hasta transformarse en una importante empresa industrial y el nuevo socio financiero, Aluminium Français, había adoptado una estrategia más agresiva y orientada a las ventas.El esfuerzo por cambiar el enfoque de Prouvé, centrado en las labores operativas, y llevarlo hacia la administración fracasó. Sentado detrás de un elegante escritorio en los Campos Elíseos, en la lejanía de París, Prouvé se sentía alejado del proceso de diseño real en la fábrica y pronto se sintió frustrado.En 1956, abandonó su taller con las palabras:«Así no puedo trabajar».Por aquel entonces, había patentado ya más de 50 inventos.

Una vez dijo:«Construye para la eternidad y los objetos podrían convertirse en reliquias del pasado.Construye para una generación y podrían durar varias generaciones».La investigación continúa en Vitra.Una reciente visita a los nutridos archivos de Jean Prouvé no sólo lleva a redescubrir algunas maravillosas obras olvidadas; también confirma que el trabajo de Jean Prouvé aún forma parte del diseño más innovador, imaginativo y verdaderamente contemporáneo, incluso después de dos generaciones.Y tal como resume Catherine Prouvé:«¿A quién no le agrada pensar en una silla como algo más que una simple silla?».

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